Sucedió en un mes llamado Mayo, en su primera
quincena, en un pequeño balneario que lleva por nombre Mirador Azul, aunque en
lo cotidiano toda persona le dice MIRASOL, y que yo lo siento desde hace tiempo
como “El Otro Planeta”, en el cual, cuando uno llega, se siente transformado,
alejado de toda civilización, de todo ruido, de toda interferencia, lejos de lo
malsano de la ciudad.
Recibió su nombre hace
más de cincuenta años, pues está ubicado en altura sobre el mar y para acceder a
sus acantilados, hoy con sólidas escaleras de concreto que semejan a un
caracol.
Escogí un asiento
distante de la resaca, en una pequeña roca emergente entre la arena y esperé;
la intención era permanecer un momento antes de ponerse el sol y darme la
oportunidad de meditar, pensar, relajar el espíritu, la mente y en el fondo,
agradecer el desarrollo de los últimos acontecimientos acaecidos en lo personal
y en lo grupal.
¡Yo diría que lo logré!
En ello
estaba, admirando al mismo tiempo tanta belleza alrededor, cuando percibí o
logré sentir por sobre el susurro de la brisa marina, unas pisadas suaves y
acompasadas tras de mí.
Reforzó en mí
esta idea, pues noté sobre su cabeza una especie de capuchón que se utiliza
comúnmente para una mayor exudación del cuerpo y lograr así una desintoxicación
del mismo, en ese proceso.
-
¡Bienaventurado seas! me contestó, con una sonrisa más amplia que
la mía.
-
¿De dónde has venido?; le contesté, con el ánimo de charla o de
intercambiar algunas palabras, antes que llegara la puesta de sol.
-
Siempre vengo a este lugar, me respondió calmadamente y sin
apresuramiento.
-
Puedo preguntarte: ¿Por qué contestaste a mi saludo diciéndome “Bienaventurado seas”?, le inquirí
mirándole más detenidamente.
-
Porque lo eres, me respondió escuetamente a mi pregunta.
-
Y: ¿Qué debo considerar yo el de ser bienaventurado?,
insistí.
- Porque existes,
aprecias lo que te rodea, agradeces lo que recibes, manifiestas tus
sentimientos, te entregas, no pides intercambios, amas.
-
¡Sí, ello es verdad!, le contesté; y es
por ello que bajé acá un rato a meditar como he sido enseñado y he logrado
aprender, practicar y aplicar cuando tengo oportunidad, fue mi comentario.
-
Bien dices, más también he comprobado que aciertas en hacer conciencia
de todo lo que te rodea, como por ejemplo: cuando miras ésta gigantesca masa de
agua que apegada a la tierra, NO se
levanta en desorden, sino, permanece en ella, cumpliendo su misión, observas
éstas hermosas resacas que por milenios rítmicamente marcan acompasadas sus
propios movimientos, cuyos intervalos son el inhalar y exhalar de su propio
cuerpo en toda la tierra circundante; el sonido del agua contra las rocas
moradas y que representa de alguna forma, en su erosión, la evolución de todo
cuerpo físico o mental y en espíritu en cumplimiento de El Mandato Superior al demostrar que todo debe evolucionar, aunque
comience siendo duro como la roca, tendrá que arrojar el brillo del pulimento
sobre si y, si su contenido es de color, mejor lo reflejará para aquellos a
quienes necesitan mayor entender en su propio devenir, fueron sus palabras en
respuesta.
-
Debo reconocer que te expresas en forma muy bella, como un poeta o un
escritor, ya que he podido comprobarlo en este sentido por unos cuantos libros
que he leído hasta la fecha, le respondí sorprendido.
-
Soy escritor, soy poeta, soy investigador de toda existencia humana,
como tú dices y soy dichoso en ello, manifestó armoniosamente como pensando o
meditando cada una de sus palabras.
-
Tal vez eres de este lugar, le pregunté, ¿Dónde vives? le consulté,
¿Estás de paso por acá? insistí.
-
Vivo en una hermosa morada, en la cual al mirar el horizonte como tú
dices, puedo observar tantas otras moradas en movimiento y color, muchas ya
ascendidas, otras evolucionadas, y unas cuantas todavía rezagadas, me comentó
con otra sonrisa.
Sentí una
opresión al denotar que su lenguaje ya no era común, no era habitual en el
dialogar, tuve entonces remembranza de textos por mí leídos en que me observa
ese modo de expresión, más continué con mis interrogantes que sentí en aumento
interiormente.
- En verdad, SI me entiendes, pues me conoces de oídas, de textos, de
leyendas, de tradiciones, a través de religiones, de mitos, fábulas y
profecías. He llegado a este lugar pues estoy en todo lugar, vengo de allá, de
acá y de ahí, en razón de que me puedo manifestar sin distinción del espacio o
tiempo como tú lo entiendes ya que ESA ES MI MISIÓN
y puedo retornar en cuerpo o espíritu como llamáis donde es requirente o
solicitado, también para solazarme de tanta belleza, pues esta vuestra casa lo
tiene en abundancia, a pesar de que vosotros habéis causado detrimento al que
en su proyección os dañará inevitablemente y sin razón, como consecuencia de la
ausencia de AMOR se explayó, ahora con su rostro pensativo
No pude menos que
asombrarme de su relato, más esforzándome por lograr la mayor concentración
posible ante mi interlocutor fijé mi mirada en su físico más atentamente.
Observé entonces que su ropaje era de un tono blanco como la nieve, de un
tejido especial como el lino, lo que en principio consideré pudiera ser un
ropaje deportivo, lo analicé como un bello entrelazado que le llegaba hasta sus
pies, los cuales ocultaba bajo la arena. Fijé mi mirada en sus manos que en ese
momento colocaba sobre sus rodillas con leve movimiento, noté que las tenía
amoratadas como de frío, más al escudriñar con mi mirada comprobé que en el
centro de ellas estaban cicatrizadas de antiguas heridas de cortes punzantes lo
que no impedía comprobar la suavidad en las mismas.
En ese momento
al estar mi personaje sentado sobre su roca, una leve resaca lo alcanzó,
permitiendo llevar con ella la arena que cubría sus pies; contemple en ellos los mismos rasgos de
sus manos, además de confirmar que calzaba sandalias, las que húmedas dejaban
al descubierto lo observado.
-
¿Fuiste herido por algo o alguien?, interrogué.
-
Así fue, me manifestó. Más ello era necesario en el momento y el lugar
que aconteció, vosotros habéis leído el relato, tergiversado en más o menos, es
de vuestro conocimiento, en verdad conocéis la razón de mí labor en esta,
vuestra morada. Estáis al tanto del cumplimiento completo del plan cósmico
utilizado en beneficio vuestro y es un ciclo que se pronuncia al igual que el
oleaje de este mar como llamáis, una y otra vez de por siempre en esta y en
todas las moradas que son de MI PADRE y que también es el tuyo y de todos los tuyos
– Es La Ley – expresó
lentamente, tocó el capuchón el cual cayó sobre sus hombros. Entonces me tocó
observar que su majestuosidad era real, la que realzaba por la puesta de sol ya
próxima, cuyo colorido le dio una tonalidad dorada a su cuerpo físico, dejó ver
sus cabellos de tipo trigueño que le ondulaban hasta los hombros, mecidos por
la brisa del atardecer, de ojos tenuemente claros y de mucha expresión de
verdad y amor, su piel bronceada como al igual de los lugareños, de barba tersa
y juvenil, cuerpo atlético y fornido y sólo se limitaba a sonreír.
- ¿Quieres preguntar?, me
preguntó.
-
¿Qué mensaje me entregarías tú en este momento?, expresé tímidamente.
-
Te diré cual, contestó.
-
Seguid siempre el ejemplo de la naturaleza que os rodea;
-
Cumplid al igual como lo hacen esta agua que os transportan de un lugar
a otro si lo deseáis, os entregan alimento, si lo disponéis, templa vuestro
clima como lo habéis comprobado, se trasmuta por medio de vuestros
conocimientos en agua común si así las procesáis, están a vuestro servicio si
trabajáis a favor de ellas;
-
Sed como los ríos que cruzan todo el litoral proveyendo de abundancia en
todo su paso de la flora-fauna, la cual prodiga en abundancia según sea
menester;
-
Sed como los bosques que os entregan sus frutos, sus cuerpos para
abrigo, para habitación, para cobijaros;
-
Sed como la lluvia que os entrega las reservas de agua dulce para
vuestro subsistir;
-
Sed como vuestro sol que os energiza a todos sin distingo;
-
No destruid vuestro entorno, porque lo hacéis contra vosotros mismos;
- Sed buenos, en una palabra, no
cultivéis nada negativo, ni en vuestros pensamientos, ni de palabras ni de
actos, ni siquiera con vuestra mirada que como decís: “Son las ventanas del Alma”.
-
No temáis ser positivos y cosecharéis lo que habéis sembrado en vuestras
vidas;
-
Reparad vuestros errores cometidos, sabéis como hacerlo;
-
Sí habéis manchado, limpiad;
-
Sí habéis tropezado, levantaos;
-
Sí habéis mentido, intentad con la verdad;
-
Sí habéis injuriado, herido, mortificado, vituperado o deshonrado a
vuestro prójimo, pedid perdón;
- Aprended cuando debéis
sostener un NO PORQUE ES NO, sostener cuando
debéis manifestar un SI PORQUE ES EL
SÍ;
- No extraviéis ya más;
-
Considerar los tiempos en los cuales vivid, ved sus características, ved
las señales, no esperéis más;
-
No confundáis lo espiritual con la debilidad;
-
Se puede y podéis ser fuertes sin caer en la maldad;
-
Sed diestros en el pensar para acudir a quien os necesita, para ello
quereos primero, conoceos interiormente sino, ¿Cómo queréis ayudar a limpiar la
casa de tú prójimo, si tú no conoces la tuya?;
-
Tened juicio, criterio y discernimiento para todo lo que os rodea, la
tarea es vasta y dilapidéis vuestro tiempo que es exiguo su existencia,
apresuraos;
-
Así como cuando os levantáis en la lucha por vuestro sostenimiento
diario, os percatáis a la brevedad que ya os anochece en ese ciclo;
-
Todo ciclo tiene un amanecer y un anochecer, comienzo y fin, un arriba y
un abajo, pensad, asimiladlo todo;
- El conocimiento da
poder, sed poderosos en vuestro camino con positividad, abrazad todo lo bueno,
lo benéfico, lo loable, sed austero en el pedir, sed dadivosos en el entregad,
no deis lo imposible, no deis lo que os sobra, entregad lo que tu prójimo
necesita, no miréis para lado y lado en preguntar, consultar con vuestro
interior, ahí tendréis todas las respuestas;
-
Tenéis ya conocimiento, se os ha dado del inmenso mar que sois en
humanidad, vosotros representáis como tan solo la resaca y no sois
privilegiados, sois dados a un camino ya elegido;
- No atesoréis vuestros
conocimientos, no son vuestros, pertenecen a la inteligencia y amor universal,
sólo sois portadores de este conocimiento;
ID
EN PAZ, AMAD COMO YO OS AMO.
Diciendo esto, se
levantó de su asiento pétreo lentamente, llevó su mano izquierda al medio de su
pecho y la mano derecha levantada y con sus dedos abiertos, sonrió y poco a
poco su figura se hizo transparente con lentitud, todo lo que conformó su
silueta se llenó como de un polvo de oro que giraba en millones de corpúsculos
que chisporroteaban sin denotar ruido, ya no estuvo, se difumó.
“QUIEN TENGA OJOS, QUE VEA”
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